
La insulina y la leptina son dos hormonas que se sabe que están relacionadas con la obesidad y otros trastornos metabólicos. Los alimentos procesados suelen estar cargados de azúcares y otros rellenos que se descomponen rápidamente, se liberan en el torrente sanguíneo y provocan un aumento del nivel de azúcar en la sangre. En este blog, repasaremos cómo combatir los picos de azúcar en la sangre y ayudar a tu cuerpo a rendir al máximo.
La insulina es utilizada por el cuerpo para ayudar a que la glucosa se mueva hacia las células para ser utilizada como energía. En presencia de un pico de azúcar en la sangre, el páncreas tiene que trabajar a toda máquina para producir suficiente insulina que ayude a sacar todo el azúcar de la sangre. Si las células se saturan o dañan demasiado, comienza a ocurrir la resistencia a la insulina, lo que provoca una abundancia de insulina. En respuesta, la insulina comienza a ayudar al cuerpo a almacenar la energía extra como grasa.
Producida por las células grasas, la leptina es una hormona que comunica a tu cerebro si tienes hambre o no, si tienes un exceso de energía disponible y qué hacer con la energía si se necesita más grasa. Si la leptina funciona correctamente, tu cerebro entenderá que estás lleno y que no necesitas consumir más alimentos y almacenar energía en forma de grasa. Esto permitirá que tu cuerpo recurra al almacenamiento de grasa como energía, quemando grasa, que es una fuente de energía mucho más sostenible.
El uso exclusivo de azúcar (glucosa) como energía da como resultado ráfagas cortas de energía con más desechos metabólicos que terminan almacenándose como grasa corporal. La sobreproducción de leptina puede conducir a una insensibilidad similar a la de la resistencia a la insulina. Esto hace que la señal de "estar lleno" llegue menos al cerebro, lo que provoca un exceso de comida y una acumulación ácida que lleva a una inflamación crónica.
Las buenas noticias
Puedes enseñarle a tu cuerpo cómo quemar grasa para obtener energía, en lugar de quemar azúcar. Primero, lleva una dieta rica en nutrientes. Come verduras de hoja verde y otras verduras tanto como sea posible, consume cantidades moderadas de proteínas y consume fuentes saludables de grasa. Algunas fuentes de grasas saludables incluyen aceite de coco, aguacates, aceitunas, semillas y nueces.
Además, practica el ayuno intermitente y consume proteínas 30 minutos después del ejercicio para aumentar o mantener la masa muscular. Se ha demostrado que el ejercicio aumenta el metabolismo, eleva los niveles hormonales en el cuerpo y convierte la grasa blanca, causante de cáncer, en grasa parda que es más fácil de quemar para obtener energía.